viernes, abril 16, 2021
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Cuando tu pareja es un diez en todo menos en el sexo | Placeres, Sexo


¿Puede funcionar una pareja resignada a vivir sin sexo? «Desgraciadamente, ocurre mucho más de lo que puedas imaginar». ¿Son felices o pueden llegar a serlo? «Si ponemos la felicidad sobre una escala del 0 al 10, evidentemente, no alcanzan el 10, pero a algunas personas les basta un 7 y, a otras, incluso un 5″. Así empieza la entrevista de Smoda con Esteban Cañamares, psicólogo y sexólogo al frente de Epec Psicólogos. Aunque es un hecho constatado que esta generación mantiene menos relaciones sexuales que las anteriores, apenas hay estudios sobre el celibato involuntario relacionado con la insatisfacción dentro de las relaciones monógamas. Según la investigación de la profesora de sociología de la Universidad de Georgia State, Denise A. Donnelly, al menos el 15% de las parejas casadas no han tenido sexo desde hace más de seis meses.

Ritmos paralelos

¿Quién es susceptible de encontrarse en una relación en la que todo es (más o menos) perfecto, excepto el sexo? Todo el mundo: la incompatibilidad sexual no entiende de género, edad, orientación o raza. Pocas cosas hay más caprichosas y personales que el apetito sexual de cada un@ y, por tanto, pocas combinaciones hay más raras e infrecuentes que dos personas con idénticos gustos y ritmos eróticos. Lo ideal es llegar a un entendimiento en las zonas comunes que satisfaga a ambas partes y, si esto ocurre, no habría demasiada disonancia entre sexo y afecto. Pero, como explica el sexólogo, «a menudo, simplemente es que no tenemos el mismo estilo de estar en la cama porque -es importante recordarlo- en la cama tenemos que ser y sentirnos profundamente espontáneos». ¿Ejemplos? «Hay personas a las que les gusta un ritmo lento, tranquilo y deleitoso y a otras, sin embargo, les excita un ritmo fulgurante, de relámpago y destellos; para algunas personas es más gratificante cuando todo es previsible y saben que después del paso A vienen el B, el C y el D, mientras que, para otras, es todo lo contrario y prefieren innovar, saltarse un paso, retroceder, etc.; también hay quien encuentra muy excitante ser muy expresivo y sonoro en la cama y hablar sucio, cuando para otros todo eso es inapropiado… Y cómo éstas, muchísimas posibilidades más», prosigue el sexólogo, que insiste: «Un estilo no es ni mejor ni peor, simplemente es diferente». Laura Oliveros Nuñez, psicóloga y sexóloga en Psigo, añade: «A algunas personas les gustan ciertas cosas en sus relaciones sexuales que la otra persona no está dispuesta a hacer. Aquí cada uno debe de valorar cómo de importantes son sus propios gustos, si podría ser feliz no satisfaciendo el 100% de sus necesidades y deseos».

La ecuación ya es complicada si nos ceñimos a la mera disparidad erótica de dos amantes sin complicaciones que simplemente prefieren platos muy diferentes del menú. Pero también son muchas las parejas bien avenidas cuya incomodidad sexual esconde algo más: que uno de los dos sea asexual (si lo son los dos no habría ningún problema que solucionar), que exista alguna discapacidad o inconveniente físico y/o un trauma psicológico (por ejemplo, víctimas de abusos), o -un factor muy frecuentemente enmascarado- el deseo inconsciente de sabotear la relación. «Hay personas que tienen miedo a depender excesivamente de sus parejas y siempre les buscan alguna pega, por ejemplo el sexo. Cuando a una persona le sucede esto sistemáticamente en todas sus relaciones, quizá el fallo no esté en sus amantes, sino en un miedo subconsciente propio», explica Cañamares. Pero hay más. Oliveros añade que «también existen casos en los que a un@ de los miembros de la pareja le produce mucho placer conocer gente nueva y mantener relaciones sexuales esporádicas con esas personas, pero quieren a su pareja y no pretenden dejarla. Son adict@s al ritual de conocer a alguien y no ven cómo pararlo. Es como una adicción».

En todos estos casos, desde quien se autosabotea hasta l@s adict@s a los encuentros furtivos pasando por quien sufre daños psicológicos o físicos, la única solución es recurrir a un especialista. «Siempre que no funcionen las relaciones sexuales en una pareja es conveniente acudir a un profesional: lo primero es averiguar la causa y, cuando la sepamos, buscar soluciones a ese motivo en concreto», explica Oliveros. «Si hay una causa física que lo justifique, como una enfermedad grave o crónica, es más fácil de aceptar el no tener relaciones sexuales que cuando la causa es psicológica o de diferencias. Muchas parejas intentan resolver este problema haciendo cosas originales como comprar juguetes o leer literatura erótica, pero sin un profesional que les guíe, solo van a conseguir frustración, porque prueban y prueban, y no llegan a resolver nunca lo que les preocupa. Hay que perder la vergüenza de acudir al psicólogo o al sexólogo, no hay que esperar a que el problema se enquiste, o al final la relación se irá deteriorando en otras áreas», advierte la especialista.

 

Atrapados en el desencanto

En las comedias románticas y los cuentos, el The End llega cuando la pareja protagonista se besa y/o contrae matrimonio, algo que perpetúa en el imaginario colectivo el mito de que es fácil, natural, automático, romántico y normal que si has conectado con una persona tengas en ella la garantía de lo que la psicología llama una relación fulfilling (que cubre todas tus necesidades o pareja 360, que diría Paquita Salas). Además de las ilusiones made in Disney, hay otros entrampamientos. «Ahora, prácticamente nadie llega virgen al matrimonio, pero hace no tanto lo habitual era descubrir sexualmente al otro en la noche de bodas, lo cual era era una temeridad y se daban más casos de incompatibilidades sexuales», nos cuenta el sexólogo Esteban Cañamares. En el siglo XXI, sucede otra versión, según nos explica Laura Oliveros: «Hay muchas parejas que se conocen por internet y se enamoran antes de conocerse en persona, ¿qué pasa si luego uno de los dos no está satisfecho con las relaciones sexuales? Hay varias opciones, desde dejar la relación a ir aprendiendo poco a poco lo que le gusta a cada uno para estar los dos contentos. Pueden hacerlo solos experimentando o con ayuda de un profesional en sexología».

Digamos que lo hemos probado todo y que aún así el sexo es mediocre y aburrido. ¿Qué hacemos con una persona con la que todo es (razonablemente) perfecto, salvo la intimidad? «En el caso de que sean ciertos aspectos imprescindibles para uno, hay pocas opciones, o se deja la relación o que la otra persona dé el consentimiento de que el otro pueda satisfacer sus gustos con una tercera persona, pero este último supuesto se da en pocos casos», responde Oliveros. Cañamares coincide: «Hay que decidir, o aguanto ese displacer sexual porque la persona en lo demás me gusta mucho, o corto antes de que sea tarde, o busco fuera de la pareja ese componente, es decir, tener el afecto por un lado y el sexo por otro». Y añade: «A veces se dan infelicidades dobles por este asunto, y ambos se buscan el amante que llene ese vacío».

¿Debería dejarle?

Sobre si es conveniente romper una relación de este tipo o no, los expertos coinciden en que no hay recetas mágicas ni universales. «Lo de resignarse o no es una decisión extremadamente difícil de tomar», explica Cañamares, «porque nada te garantiza que en el futuro vayas a encontrar a otra persona que te da todo lo bueno que te da tu pareja actual y, además, el sexo. A lo mejor te quedas sin nada, como en un juego de cartas en que haces una apuesta muy alta y pierdes». Estamos hablando de un supuesto en el que la otra persona sea (prácticamente) perfecta en lo demás. Brinda afecto, escucha, comprensión, diversión, compañía y estabilidad emocional, social y económica. Retomando la analogía de las calificaciones, prosigue el sexólogo, cuando no llegamos al Sobresaliente pero tenemos el Aprobado, lo de decidir si nos compensa es una decisión en la que los consejos y opiniones de los demás deben pesar menos que el convencimiento de cada persona. «Eso sí, no es lo mismo que esto pase a los 60 años que a los 25. Yo no recomendaría que nadie se resignara con una sexualidad que no es la que le gusta si se es joven y no hay ataduras como, por ejemplo, hijos en común… Si son personas jóvenes e independientes, yo sí he llegado a recomendar en consulta que hagan de tripas corazón, rompan sanamente con esa pareja y busquen a otra persona que también les llene sexualmente, pero en general no me atrevo a pronunciarme porque, ante esta perspectiva, la decisión es de cada uno».

Hay otro matiz importante en el que también coinciden los especialistas: esta situación es mucho más frecuente de lo que se podría suponer, aunque muy pocas personas hablan de ello. Es decir, si ya de por sí siempre la comparación con otras relaciones es dañina, innecesaria y subjetiva, en este caso conviene recordar además que es fácil que esas parejas ideales con los que te estás comparando quizá no lo sean tanto. En otras palabras, si estás haciendo una lista de pros y contras, no pongas en la balanza lo bien que están otras personas porque posiblemente también estén escondiendo algún tipo de renuncia (y este consejo no es solo aplicable a este asunto).

Consecuencias de la resignación

«El precio es lo que pagas. El valor es lo que recibes». Una de las citas más célebres de Warren Buffett es tan válida para el capitalismo como para las parejas felices-pero-sexualmente-incompatibles. El valor que recibes en la transacción es afecto y seguridad. El precio que pagas a cambio no es pequeño. Para empezar, lo más normal es que el sexo pase de mediocre a ser inexistente. «Está claro es que, aunque al principio esto le pase solo a una de las dos personas, a la larga se convierte en un problema para los dos. Porque, cuando uno sabe que no va a encontrar satisfacción, no va con ánimo a la cama y dejará de buscar al otro. Antes o después, ninguno estará satisfecho», vaticina Cañamares.

Publicado en The Journal of Sex Research, un estudio avala esta reflexión: analizados 22 hombres y 55 mujeres heterosexuales en relaciones de larga duración, se comprobó que cuando el sexo era satisfactorio, lo habitual era buscarlo y repetir, es decir, tanto hombres como mujeres se convertían en «iniciadores» de un nuevo encuentro. En cambio, cuando las relaciones eran insatisfactorias, al principio, una de las dos partes actuaba como «iniciador o iniciadora», pero se encontraba a menudo con negativas y excusas de su pareja. Con el tiempo, ante la sensación de rechazo, es@s «iniciador@s» dejaban de buscar a su pareja.

Llegados a esa fase, prosigue el sexólogo, «es fácil que se produzcan muchísimas infidelidades, consensuadas o no, dobles o no». Pero también hay otro precio que se puede llegar a pagar, más desconocido y menos evidente. «Estar en una relación en la que el sexo no nos satisface es a veces detonante de muchos problemas de obesidad y adicciones, porque si una persona no tiene sexo durante mucho tiempo puede acabar, inconscientemente, buscando otros placeres para compensar. Si se abusa del alcohol el riesgo puede ser el alcoholismo y si se recurre a la comida, la obesidad, por poner unos ejemplos». Un equipo de la Universidad de Georgia (el mismo que descubrió que al menos 15 de cada cien parejas consolidadas no practican sexo regularmente) desveló en un estudio que quienes viven en un celibato involuntario por la causa que fuera, ya sean heterosexuales, bisexuales, homosexuales o transexuales, reportan sentimientos que van de la frustración a la depresión severa. El precio, en definitiva, es cuánto de nuestro estado mental estamos dispuestos a sacrificar por nuestro estado civil.



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