viernes, abril 16, 2021
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La historia de Lady Dior, el bolso que la firma creó para Lady Di y que la princesa solo pudo disfrutar dos años | Moda


Es curioso, e irónico si atendemos a la diferencia de sus personalidades, que la imagen de las tres mujeres británicas más famosas de la segunda mitad del siglo XX (con permiso de las Spice Girls) esté ligada a un bolso.

La reina Isabel II utiliza de día –desde hace seis décadas– el modelo Traviata de la casa Launer en blanco y negro. Según reveló hace tres años Hugo Vickers, historiador y experto en la familia Windsor, a la revista People, la soberana lo lleva para comunicarse con sus asistentes en público. Si la monarca se cambia la pieza de mano (generalmente lo lleva en la izquierda para saludar con la diestra) significa que la cháchara con un interlocutor ha terminado y está preparada para darle a la sin hueso con el siguiente invitado. Si lo posa en una mesa, está avisando a sus guardaespaldas de que es hora de recogerse y de que cada mochuelo debe volver a su olivo: la velada ha terminado. Y si lo deja en el suelo, por lo que debe estar sentada, la soberana está pidiendo a su dama de compañía un rescate urgente. SOS, la decana de los monarcas europeos se aburre.

El pasado noviembre la firma de complementos confirmó que desde hace un tiempo su graciosa majestad, que ya peina 94 primaveras, se adorna con una versión más ligera del complemento con nombre de ópera de Verdi. En este bolso –que alterna con otros modelos de Launer– acopia cachivaches de enorme valor sentimental que nada tienen que ver con los grandes secretos de Estado.

La que sí almacenaba en su bolso información comprometida era Margaret Thatcher. La primera ministra de Reino Unido (lo fue desde 1979 hasta 1990) utilizaba su cartera Asprey London no como escudo, sino como arma de combate. Llegó a afirmar que cuando un debate se atascaba en un punto la solución siempre estaba en su complemento preferido. Lo llevaba a rebosar de papelitos en los que recogía ideas sobre los más diversos temas. A su manera de hacer política se la bautizó como la diplomacia del bolso. No sorprende que su hija, Carol Tatcher, pusiese el grito en el cielo cuando el Ayuntamiento de Londres, encabezado por Boris Johnson, encargó una estatua en 2013 de la apodada Dama de Hierro con las manos vacías.

La princesa Diana, cuyo estilo, 23 años después de su fallecimiento, sigue ganando adeptos y acaparando titulares –en parte gracias al éxito de la serie The Crown (Netflix) de cuya cuarta temporada es protagonista oficiosa–, consiguió algo que ninguna de sus dos compatriotas antes citadas han logrado de momento: darle nombre a un bolso. Tenemos que hablar de un bolso con nombre y apellido: el Lady Dior.

El 30 septiembre de 1995, patrocinada por el conglomerado del lujo LVMH y Christian Dior, el museo  de Orsay de París inauguró una retrospectiva de la obra de Paul Cézanne en el Grand Palais (bajo su cúpula acostumbra a desfilar Chanel). Diana Spencer, separada pero aún no divorciada del príncipe Carlos de Reino Unido, fue la encargada de presidir la cena de gala con la que se celebró el ambicioso proyecto cinco días antes. La de Sandringham llevaba un vestido de cóctel rojo con lazada en el pecho y complementos a tono.

Lady Di a su llegada a la exposición sobre Cézanne. Foto: getty

Aquella misma tarde, antes de recorrer la exhibición del pintor posimpresionista acompañada del presidente Jacques Chirac, había visitado el palacio del Elíseo donde la esperaban la primera dama Bernadette y Bernard Arnault, director general de LVMH Group, bajo cuyo paraguas se reúnen firmas como Moët & Chandon, Ruinart, Sephora, Bulgari, Chaumet, Louis Vuitton, Fendi, Celine, Loewe y el citado Dior. Como regalo de cortesía, Lady Di recibió un bolso de la masion Christian Dior que patrocinaba la exposición. Los encuentros diplomáticos generalmente se despiden con un intercambio de presentes made in de donde viene uno y otro –por ejemplo, en 2004 los ahora reyes de España le regalaron al Papa Juan Pablo II una imagen de la Virgen del Pilar en plata y él a los entonces príncipes de Asturias 20 medallas con los misterios del rosario–. Fue Bernadette Chirac la que propuso a la empresa que a la princesa no se le agradeciese la visita con cualquier galantería a la venta en la boutique de la Avenue Montaigne.

La princesa Diana y Bernadette Chirac en el Palacio del Elíseo. Foto: getty

El equipo creativo, con Gianfranco Ferré a la cabeza, decidió reeditar para la nuera de la reina Isabel el modelo Chouchou, un pequeño bolso de mano en piel azabache con asas. Del extremo de una de ellas cuelgan unos adornos con la forma de las letras del apellido de la firma. Su estampado de cannage (de rejilla) está inspirado en el asiento de las sillas Napoleón III que Christian Dior utilizó en su primer desfile en 1947. A la princesa de Gales le encantó el regalo.

Lady Di abraza a un niño durante la inauguración de la Fundación de Birmingham con su bolso hecho en especial para ella. Foto: getty

Lo estrenó el primero de octubre de ese mismo año durante la inauguración de la Fundación para la Educación Conductiva para discapacitados de Birmingham. La imagen de Diana abrazada a un niño con su bolso Chouchou de Dior dio la vuelta al mundo. Un año después el modelo salió al mercado rebautizado como Lady Dior. Un juego de palabras resultado de la fusión de la abreviatura del nombre de origen griego de la princesa y el apellido de la firma. La modelo Carla Bruni, que acabó siendo primera dama de la república francesa tras su matrimonio con Nicolas Sarkozy, fue una de las primeras en fotografiarse con la famosa cartera para una publicidad de la maison.

Imagen de la campaña del bolso Lady Dior, protagonizada por la modelo Carla Bruni.

Cada pieza exige la intervención de siete artesanos y un mínimo de una jornada laboral de ocho horas para ser confeccionado. Las casi 130 piezas de piel que se necesitan para su creación están cortadas y cosidas a mano. El éxito de ventas del Lady Dior sobrevive hasta hoy reformulado en distintos tamaños, estampados y materiales. La princesa no pudo hacer uso de él más de dos años, la muerte la encontró en un túnel parisino la noche del 31 de agosto de 1997.



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