domingo, junio 20, 2021
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Un trío muy bien avenido: la inesperada amistad entre Reinking y Verdon, las dos mujeres que amaron al coreógrafo Bob Fosse | Placeres


El coreógrafo y director Bob Fosse tenía fama de perfeccionista. Como bien retrató la serie Fosse/Verdon de 2019 —dedicada a la relación sentimental y artística entre el genio (interpretado por Sam Rockwell) y la bailarina Gwen Verdon (Michelle Williams), su mujer legalmente hasta la muerte de él en 1987—, el creador no se conformaba con que las cosas se hiciesen bien. Necesitaba sublimarlas. Incluso se mostraba descontento e inseguro con el montaje final de su celebrada adaptación cinematográfica del musical Cabaret (1972), hasta que recibió los primeros elogios de la crítica (para barrer posteriormente en los premios Oscar de 1973, superando a un favorito Francis Ford Coppola por El Padrino).

También se ganó la reputación de mujeriego. Como se puede ver en la ficción, Fosse se acostó con muchas de sus compañeras de trabajo. La mayoría no suponían otra cosa que un pasatiempo para él. Otras, en cambio, dejaron una huella más profunda tanto en su vida personal como profesional. Se enamoró de ellas, y le inspiraban y ayudaban en sus procesos creativos. Es el caso, entre otras, de las bailarinas Gwen Verdon, con la que se casó en 1960 y que este 13 de enero cumpliría 96 años, y Ann Reinking, su pareja entre 1972 y 1978, fallecida el pasado 14 de diciembre a los 71 años de edad. Dos mujeres que amaban tanto su trabajo como a Fosse, y que forjaron, para sorpresa de muchos, una bonita amistad que le sobrevivió.

Reinking conoció a Fosse durante las audiciones para el musical Pippin, que el director dirigió en 1972, como recordó la bailarina en una entrevista con The New Yorker en 2019. «Se situaba a tu lado en el escenario. No era una voz oscura sin rostro en el teatro. Se acercaba a los bailarines y les decía: ‘Ese paso no va contigo, prueba este otro’ o ‘Sigue así’». La misma noche le llamó a su casa para pedirle una cita. «Le pregunté: ‘¿No crees que es una mala idea? ¿No te parece injusto pedirme salir mientras seguimos en las audiciones?’. Me respondió: ‘Sí, pero ¿quieres salir conmigo?’. Dije que no podía».

En Fosse/Verdon, grabada cuando Reinking concedió esta entrevista, no aparece este episodio de su vida, pero sí se ve a Fosse preguntar con naturalidad a la bailarina (encarnada por Margaret Qualley) durante los ensayos cuándo le concederá una cita. Esa aceptación del rechazo la corroboró Reinking en la charla con el medio. «No lo tuvo en cuenta. Al principio pensé: ‘Dios, esto es intenso’. Pero tuvimos una conversación muy amena. Me di cuenta de que podía decirle que no». De hecho, obtuvo el papel. «Nunca tuvo favoritos. Solo quería que fueses bueno en lo tuyo, y si te daba el papel significaba que encajabas».

Meses después, cuando Pippin llevaba un tiempo estrenada, cambió de idea y decidió aceptar la invitación de Fosse a salir. «Me di cuenta de que me estaba enamorando, y solo iba a más y más. Para cuando empezamos la relación estaba colada hasta los huesos por él».

Cuando el noviazgo de los dos comenzó, Fosse y Verdon llevaban casi tres años separados. La ganadora de cuatro premios Tony, harta de las infidelidades del artista, decidió dar por finalizado su matrimonio, si bien nunca oficializaron el divorcio, por lo que siguieron casados ante la ley hasta la muerte de Fosse. Aun así, la amistad entre los dos continuó. La ficción retrata fielmente la necesidad que Fosse tenía del consejo de Verdon, indispensable, por ejemplo, en la edición del número Mein Herr con el que se presenta a Liza Minnelli en Cabaret. «Te necesito», le suplica su todavía marido para que le eche una mano con el montaje. También el profundo agradecimiento y la admiración de Verdon a Fosse. En una conversación con Reinking en el quinto capítulo de la serie, la mujer justifica por qué aguantó los engaños tanto tiempo. «Terminas acostumbrándote. Además, me ha dado muchas cosas». Reinking menciona a Nicole, la hija de ambos, pero Gwen añade otros motivos. «Sí, pero no solo me ha dado a Nicole: me dio a Lola, me dio a Charity». Se refiere a las coreografías ‘Whatever Lola Wants’ del musical Damn Yankees (1955) con la que ella ganó un Tony y ‘If They Could See Me Now’ de Sweet Charity (1966), que le valió otra nominación al galardón.

Gwen Verdon y Ann Reinking en los premios Drama League de 1997. Foto: getty

Reinking y Verdon se conocieron durante la gira de Pippin, mientras se representaba en Washington DC. Su relación fue cordial desde el principio. «Nunca tuve un altercado con Gwen», contó la primera a The New Yorker. «Me respetaba. Y yo confiaba en ella y en Bob, y acerté. Mis instintos no me fallaron. Nunca me hirieron, estaban de mi lado». A la también coreógrafa y actriz nunca le molestó que Fosse y Verdon hablasen a diario. «Eran amigos en el sentido más profundo. Nunca competí con eso. Sabía que a Bob le hacía feliz. Le daba seguridad».

Sobre las razones por las que se cayeron bien al momento, Reinking teoriza. «Creo que le gusté no solo porque podía actuar bien, sino que además sabía que amaba a Bob y quería que fuese lo más feliz posible, para que pudiese hacer lo que necesitase. Entendíamos que las dos nos preocupábamos por Bob y por su obra. Pero en especial por la persona». En la biografía de Gwen Verdon escrita por Peter Shelley, el autor comenta que respetaba a la novia de su marido porque, como ella en su momento, ampliaba el talento de Bob. Y que le conmovía la amabilidad que mostraba tanto a ella como a su hija. Esta buena relación entre Nicole Fosse y Ann Reinking se ve claramente en la película autobiográfica All That Jazz (1979) del director. En una escena protagonizada por ella misma (papel que desempeñó cuando ya se había separado del coreógrafo), baila junto a la hija del protagonista en la ficción, Erzsébet Földi, una coreografía diseñada por ella.

La misma Verdon confirmó la veracidad de estas escenas en una entrevista años después. «Solían bailar juntas todo el tiempo, y eran muy amigas. Y Annie y yo somos amigas, pero soy más como la madre de ambas», bromeó.

En 1975, Gwen Verdon consiguió los derechos de la obra Chicago tras una década detrás de ellos. Se materializaba por fin un sueño de la pareja de largo tiempo atrás. Fosse se encargó de la dirección y la coreografía, mientras Verdon tomaba el papel protagónico de Roxie Hart. En el momento que la bailarina decidió emprender otros proyectos, volvió a mostrar su relación cercana con Reinking: la entrenó personalmente para que la reemplazara como Roxie. A la prensa le dijo que «tenían una simetría extraordinaria». Más tarde, cuando en 1986 Reinking protagonizó Sweet Charity, musical por el que Verdon fue nominada a un Tony en 1966, ésta le dijo: «Así es como piensa Charity». A lo que Reinking respondió: «Creo que tú piensas igual». Como se puede apreciar, no escatimaban en elogios la una para con la otra.

En 1978, Reinking y Fosse cortaron, y este empezó una relación con Jessica Lange. «No hubo ningún escándalo», dijo la coreógrafa a People. «Teníamos que comprometernos más, o terminar como buenos amigos. Bob me enseñó extraordinariamente a amar y la disciplina. Pero yo quería tener un bebé, y él ya había pasado por ahí». La amistad se mantuvo y, como se ha mencionado antes, participó en su película All That Jazz.

Tras la muerte de Fosse en 1987, Reinking empezó a coreografiar y en 1996 presentó su versión de Chicago, con la aprobación de Verdon en medios como The New York Times. La producción le valió un Tony a la Mejor coreografía, que dedicó a su expareja. En 1999 trabajaron juntas en el musical Fosse, dedicado a la figura del genio. Reinking codirigía, Verdon ejercía de consejera artística. «Gracias, Annie Reinking, por traer a Bob Fosse de vuelta a Broadway», se leía en la biografía de Verdon en el folleto de la obra.

Tras la muerte de Verdon en el año 2000, Reinking organizó un memorial en Broadway al que asistieron más de 1.000 personas. Hasta su fallecimiento el pasado diciembre, la bailarina, actriz y coreógrafa se ha encargado de mantener vivos sus legados, como han destacado varios medios en sus obituarios. Como dijo en una ocasión: «Solo porque Bob y Gwen ya no estén con nosotros no significa que no lo sienta. Siempre estarán vivos y en mi corazón, como los buenos maestros, o unos padres».



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