domingo, abril 11, 2021
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“La duda me pone en marcha para escribir”


Como nadie se decidía a publicar sus relatos Laura Ferrero apostó por autoeditarse. Era 2016: su libro se situó entre los más vendidos de Amazon, puso nombre a un fenómeno y Alfaguara acabó lanzando ese Piscinas vacías. Tras escribir una novela (Qué vas a hacer con el resto de tu vida, en 2017), ahora, con La gente no existe, esta autora barcelonesa de 37 años vuelve al género con el que debutó; historias íntimas, de ternura, de gente rota, de miedos. «Hay que mostrar la vulnerabilidad. No tenemos tiempo, porque vamos todos muy rápido, y requiere pararse y escuchar», sostiene.

Laura Ferrero

Alfaguara publica el nuevo libro de Ferrero.

¿Qué la llevó a escribir?
El hecho de platearme muchas preguntas. Louise Glück tiene un verso que me gusta, “La certeza, esa cosa muerta”. Soy muy curiosa y dudo mucho de las cosas, siempre veo rendijas. Y esa duda es lo que me pone en marcha a la hora de empezar a escribir.

¿Cuándo ha sentido que la gente no existe?
Cuando finges la felicidad. Si estás sobreactuando o ves que alguien sobreactúa, ahí siento que se está perdiendo lo más auténtico que tenemos.

Alterna libro de relatos y novela. ¿Por qué?
No sé, para mí son diferentes maneras de escribir. Dice Cortázar que la novela gana por puntos y el relato gana por knock outs, y a mí me interesa mucho esto, conseguir que algo te derribe.

En el relato Gangrena visibiliza que cualquiera puede ser víctima de abusos, ¿es importante hablar de ello?
Exacto. Tú crees que eso no te va a tocar nunca y de repente te das cuenta de que está pasando. Lo vemos como algo que les puede ocurrir a los demás y el hecho de que cada vez más mujeres hayan hablado de ello nos hace ver que nos puede pasar cualquier día.

La trenza y Aquellos ojos verdes hablan de su abuela, que falleció en la pandemia. ¿Resulta más complicado abordar asuntos personales?
Es más difícil porque es más auténtico, te juegas algo tuyo en la historia. Pero para mí la escritura tiene parte experiencial. Aunque lo ficcione me resulta más fácil escribir si lo he sentido y sé cómo es.

¿Su relato preferido?
Grace Paley escribió Deseos, una página y media que releo mucho.

¿Cuál ha sido su último descubrimiento?
El nervio óptico, de María Gainza. Me impresionó, son relatos sobre obras de arte. Es un punto y aparte en todo lo que estamos leyendo y viendo ahora.

¿Qué arranque le hubiera gustado escribir?
Hay uno de Nabokov que el relato en sí no me gusta pero una de las primeras frases es “Y en segundo lugar, por qué”. Ahí ya te atrapa.

En 2020 fue librera de ficción en Nieva en Benidorm, de Isabel Coixet. ¿Si realmente lo fuera qué tres lecturas no dejaría de recomendar?
Un libro de relatos de Samanta Schweblin que se llama Pájaros en la boca; Tres rosas amarillas, de Raymond Carver, y una novela que siempre me ha gustado mucho, Postales de invierno, de Ann Beattie.

Tras el cameo, ¿se atrevería con un guion?
Sí, de hecho estoy trabajando de guionista. Acabo de escribir una serie que se basa en mi relato Sofía, ahora hace falta que guste y la compren.

¿Y a ser actriz?
No, de pequeña estudié teatro y me hubiera gustado ser actriz o cantante, pero creo que porque no sabía lo que entrañaban estas profesiones, que es una gran exposición mediática. Yo soy muy de segunda fila, me gusta pasar desapercibida. Ser actriz es lo contrario de eso, así que no, de ninguna manera.

Estudió Filosofía, ¿qué corriente mandó en 2020 y cuál marcará 2021?
En 2020 necesitamos el estoicismo y el nihilismo, y además tuvimos además toda esta filosofía de baratillo de los gurús de la felicidad, que han hecho un poco de daño. Y para 2021 diría una palabra: esperanza.

En 2020 el Nobel fue para una poeta, Louise Glück, y el Princesa de Asturias para otra, Anne Carson, y ambas salen en sus relatos. ¿Estamos más necesitados que nunca de poesía?
Diría que sí. A mí la poesía me salva de un mal día, de una mala tarde y de muchos momentos en los que creo que me faltan cosas. Yo soy pésima en la poesía. Lo he intentado y no se me da nada bien, pero me fascina esa capacidad de evocar que tiene, que en un verso puedes intuir toda una vida. Siempre que tengo malos momentos recurro a la poesía para dejarme llevar.





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