domingo, abril 11, 2021
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Isabelle Huppert: «Ganar o perder peso para un papel no me interesa. Para mí la interpretación es otra cosa» | Celebrities, Vips


En un momento de la última película que estrena Isabelle Huppert, Mamá María, Hyppolite Girardot, que interpreta a su jefe y novio, un comisario de policía, le dice: «Pareces tan frágil, delicada y luego tienes tanta confianza en ti misma, eres tan fuerte». Y eso se lo dice sin saber que esta menuda mujer, su amante e intérprete de árabe en importantes operaciones contra el tráfico de drogas, se ha convertido en una capo del hachís en la capital francesa, trabajo para el que la actriz parisina de 67 años debe disfrazarse como una elegante jequesa. Con pañuelos de Hermès, por supuesto. La Daronne es el título original de la película, basada en la novela de Hannelore Cayre, y es el mote de su personaje, que traducido vendría a ser como ‘la vieja’, pero en ese sentido cariñoso de referirse a una madre como mi vieja. En la película, Huppert se siente a gusto con el apelativo. En la realidad sería otra historia. La Huppert es una diva del cine internacional, especialmente desde su relanzamiento en 2016 con Elle y su primera nominación al Oscar incluida, con la que toda una generación de cinéfilos descubrió y redescubrió a la actriz favorita de Claude Chabrol y Michael Haneke. Pero nada de decirle a ella que es una diva, una estrella, un icono. Parecerá delicada por su aspecto, refinadísima, siempre educada, pero Huppert puede ser mucha Huppert. Su respuesta ante un halago incluirá ese resoplido tan francés con levantamiento de hombros y un «No sé, mejor gustar que no gustar, supongo». Suele ser seria en las entrevistas, hasta cortante, aunque en este encuentro por Zoom asegura sin rubor: «Depende del momento, puedo ser una bromista».

Parece que se lo pasó bien interpretando a esta Mamá María.
En realidad, cuando leí el libro por primera vez y después el guion no lo vi como una comedia. Por supuesto, que ella puede ser muy divertida. Y tiene que disfrazarse para llevar a cabo sus planes y, sin duda, ese es un recurso clásico en la comedia. Pero siempre me fijé más en su lado doloroso y melancólico. Todos somos más complejos de una manera que la comedia no siempre lo es.

Como le ocurre a su personaje, nuestras elecciones casi siempre están profundamente inspiradas por lo que nos enseñaron nuestros padres. Siempre cuenta que su madre la animó a ser actriz. ¿Cómo influyeron en su visión y sus elecciones de vida en usted?
Es una pregunta intensa. Siempre hay una herencia, te dejan algo que luego tú dejas a tus hijos, ya sea bueno o malo. En mi caso, fue bueno todo. Es algo que siempre pienso cuando hago una película o interpreto un personaje, y fue especialmente importante en Mamá María. La idea de que tu comportamiento está dictado desde tus padres le da profundidad al personaje, y emoción. Intentas entenderla mejor, ves que siente una gran nostalgia, que la conduce hasta ese final abierto. 

Más allá del disfraz, la transformación del personaje para entrar en el mundo del narcotráfico implica también el lenguaje, ¿aprendió árabe de verdad?
No podría decirte nada en árabe ahora mismo. Lo memoricé todo fonéticamente con la ayuda de un coach de idiomas. Es solo una pequeña parte del papel, pero tuve que tomármela muy en serio para decir todas estas líneas, fue mucho trabajo escuchando las frases que tenía que decir una y otra vez todas las noches. No es magia, solo trabajo duro. Sabía lo que significaban las oraciones enteras, no las palabras individualmente. Es curioso sumergirte en un lenguaje en el que no tienes referencias.

Ha trabajado en personajes muy distintos, en diferentes idiomas y, sin embargo, nunca ha tenido que cambiar mucho su aspecto físico.
Eso de ganar o perder peso para un papel no me interesa. Para mí la interpretación es un movimiento, una energía. No me paro a pensar en diferentes opciones, no me paro mucho a pensar en cada escena y es algo más instintivo. Mi trabajo es ser una persona distinta en cada película, pero ese cambio puede venir desde dentro. Si tuviera que recurrir siempre a lo externo no sería buena actriz. 

Isabelle Huppert. Foto: Hunter & Gati.

En 2021, Huppert celebra 50 años como actriz. Cinco décadas con más de 140 títulos en pantalla y otro buen puñado de obras de teatro. Acercándose a los 70, sigue rodando una media de tres películas al año por todo el mundo, en inglés o en francés. Incluso en 2020, con la pandemia, ha rodado cuatro filmes, entre Hungría, Italia y Francia. Tiene dos cines en París, que dirigen y programan su hijo y su marido, Ronald Chammah. Trabaja a menudo junto a su hija, la también actriz, Lolita Chammah, como en la próxima La sombra de Caravaggio, de Michele Placido. No para. ¿Trabajadora compulsiva? «No trabajo constantemente, trabajo a menudo», matiza muy seria. «Y puedo ser muy buena en dedicarme a hacer nada». Aunque cuesta creerlo repasando su extensa filmografía, que arroja, por cierto, una variedad de personajes intensos, definidos por muchos como monstruos. Pero según ella ni La pianista (2001) lo era, «la única persona malvada» que ha interpretado fue la reciente Greta en La viuda. Huppert no los juzga y solo elige sus proyectos en función del director o directora y, viéndola en pantalla, porque parece que se lo sigue pasando muy bien.

¿En 50 años de carrera en el cine le queda algún sueño por cumplir?
No, porque cada papel sigue siendo algo nuevo para mí, cada película es una nueva aventura. Empiezas desde cero cada vez, sin compararlo con los anteriores. No tengo una lista de personajes pendientes ni de directores con los que querría trabajar. Quizá me gustaría interpretar a un hombre. Lo he hecho en teatro y sería interesante delante de una cámara.  

¿No es una persona nostálgica, no le gusta mirar atrás?
Supongo que como todo el mundo, depende del momento. [Se calla]. No sé cómo responder a eso, no soy buena dando respuestas personales.



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