viernes, abril 16, 2021
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«Tu silencio no te protegerá»: por qué incomoda reivindicar a Audre Lorde | Feminismo


«El feminismo debe estar a la vanguardia del cambio social real si quiere sobrevivir como movimiento en cualquier país en particular. Cualesquiera que sean los problemas centrales para la gente de ese país, también deben ser los problemas centrales que aborden las mujeres, porque no existimos en el vacío. Estamos anclados en nuestro propio lugar y tiempo, mirando hacia el futuro que estamos creando y más allá, y somos parte de comunidades que interactúan. Fingir lo contrario es ridículo. Mientras nos fortalecemos con visiones del futuro, debemos armarnos con percepciones precisas de las barreras entre nosotros y ese futuro». Más que recrearse en visiones retrógradas, ombliguistas y ensimismadas de ciertos grupos y estratos sociales, a Audre Lorde lo que le interesaba era, sin perder de vista el pasado, analizar el presente y qué pasa cuando interseccionan género, raza y poder económico. Así lo escribió en la antología de ensayos A burst of Light, cuando, en 1984, enferma de cáncer, decidió viajar a la Alemania Occidental y entró en contacto con la escena feminista negra de Berlín mientras daba clases en el Instituto F. Kennedy.

A Lorde, una afroamericana, lesbiana y activista por los derechos civiles salida de Harlem que defendía el poder de la palabra frente a la violencia como réplica ante la injusticia, le chocó comprobar cómo las alemanas negras nunca se plantearon reconocerse como ‘afroalemanas’, así que les animó a escribir sobre su poder y fuerza para pelear contra la opresión que también sufrían. Eso lo dejó por escrito, lo que no sabremos es qué pensaría sobre las feministas blancas europeas renegando tres décadas de su feminismo y hasta considerarlo patriarcal: Lorde murió en 1992, a los 58 años, de cáncer de mama. Pasó sus últimos días junto a su pareja, la escritora Gloria Joseph, en la isla de Santa Cruz.

Inesperadamente, la semana del 8 de marzo ha sido una fecha en la que las palabras de esta poeta y activista han sido cuestionadas desde las mujeres que defienden posicionarse en la izquierda y el feminismo español, en su mayoría transexcluyentes, cuestionasen el discurso de una activista reconocida histórica y globalmente tras la lectura de un extracto de uno de sus textos. Fue el que leyó la intérprete Daniela Santiago en el acto del 8M que convocó el Ministerio de Igualdad, y que rescataba un extracto de la conferencia Las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo, un texto que Lorde leyó en 1979 en el Instituto de Humanidades de Nueva York que se recoge en La hermana, la extranjera: «Si la teoría feminista estadounidense no necesita explicar las diferencias que hay entre nosotras, ni de las resultantes diferencias en nuestra opresión, entonces ¿cómo explicas el hecho de que las mujeres que os limpian la casa y cuidan a vuestros hijos mientras vosotras asistís a congresos sobre teoría feminista sean, en su mayoría, mujeres pobres y mujeres de color? ¿Qué teoría respalda el feminismo racista?«.

En ese texto, Lorde dejaba claro que lo suyo iba de interseccionalidad. Que el feminismo, ese que tanto ha luchado por deconstruir el género socialmente incluso desde la burguesía más blanca y más poderosa, no debería sostenerse en un pensamiento mágico que se imagine que las mismas oportunidades tendrán tanto la mujer que nace pobre y negra como la blanca con herencias en multipropiedad. «Las ponencias tratarán sobre el papel de las diferencias en la vida de las mujeres estadounidenses: las diferencias de raza, de sexualidad, de clase y de edad. Cualquier debate feminista sobre cuestiones personales o políticas queda desvirtuado si no tiene en cuenta estas cuestiones«, alertó. En 2021, entonar esa frase parece una afrenta contra ciertas ramas de pensamiento.

¿Por qué incomoda Audre Lorde? ¿Por qué irrita una activista tan integrada en el imaginario feminista en los últimos años que se reivindica sin problemática alguna desde figuras tan dispares como Beyoncé (su frase «Sin comunidad, no hay liberación» apareció en el documental Homecoming), a la futbolista Megan Rapinoe (el nombre de Lorde fue el que escogió para vestir en su camiseta deportiva en 2019) o Paul B. Preciado («Si para Virginia Woolf una mujer necesitaba una habitación propia para escribir, para Audre Lorde esa habitación, si es libre y segura, no puede estar en el domicilio heterosexual y mucho menos conyugal», escribió en El País)? Audre Lorde incomoda porque sus textos desafían a los pilares de las estructuras de poder, género y clase. Por qué su pensamiento cuestiona sobre qué sostenemos nuestros privilegios.

Mejor malinterpretada que silenciada: «Tu silencio no te protegerá»

Frente a una sociedad que busca silenciar a mujeres desprestigiándolas, Lorde reivindicaba el poder de hacerse oír. «La transformación del silencio en lenguaje y acción». La palabra como revulsivo y como arma combativa. Prefería ser malinterpretada, cuestionada y vilipendiada que tener que callarse o ser silenciada. Sería lógico pensar que hasta hubiese disfrutado con cómo ese revuelo sobre su extracto sobre el poder de las feministas blancas ha causado tanto revuelo, paradójicamente, en España cuando ha sido leído por una mujer trans.

«La muerte es el silencio final. Mis silencios no me han protegido. Tu silencio no te protegerá», escribió en  La hermana, la extranjera, publicado en 1984. Un texto sobre ser negra y ser lesbiana, sobre cómo el racismo y el machismo golpea doble: «¿Estás haciendo tu trabajo? Cada una de nosotras dibuja el rostro de su propio miedo; miedo a la censura, miedo al juicio, al reconocimiento, al reto. Pero, la mayoría de nosotras tememos la visibilidad sin la que realmente no podemos vivir. Me recuerdo a mi misma constantemente que si hubiera nacido muda o hubiera mantenido un juramento de silencio durante toda mi vida por seguridad o supervivencia, hubiera sufrido igualmente, y moriría igual. Es bueno para establecer perspectiva. Podemos aprender a trabajar y hablar cuando tenemos miedo, de la misma manera que hemos aprendido a trabajar y hablar cuando estamos cansados. Hemos sido socializados para respetar el miedo por encima de nuestras necesidades por el lenguaje y el sentido, y mientras esperamos en silencio a que llegue el final, el peso de ese silencio nos ahogará». Con esto Lorde defendía que podría haber vivido en silencio, sin expresarse como la mujer lesbiana que era, pero para ella, como para muchas de las activista feministas que tanta pedagogía han hecho para tantas, lo personal también era algo político. No era cuestión de heroicidad, era una fórmula honesta para llegar a la felicidad.

El autocuidado no es egoísmo: «Cuidar de mí misma es una batalla política»

Resulta curioso como la lógica del mercado ha acomodado a su gusto la teoría de Audre Lorde sobre el autocuidado. Lo que para muchas empresas (y personas) se ha convertido en una estrategia de comprar marcas o cremas que nos hagan sentir bien –o beberse una copa de vino en la bañera como recompensa y como ilustra ese imaginario feminista ensimismado y liberal– está en las antípodas de lo que Lorde defendía como autocuidarse en un mundo hostil. Autocuidarse para Lorde se encajaba dentro de una lógica activista. Como un acto de batalla política. “Cuidarme no es autocomplacencia, es autoconservación, y eso es un acto de guerra política».

Esa idea del autocuidado que ella defendió ha sobrepasado los círculos de personas que podrían estar familiarizadas con Lorde y ha invadido la dialéctica de Instagram y de la cultura del bienestar. Ya no es un acto de guerra política, aunque ha allanado el camino a que otros se reconozcan en esas ideas. «Quizás sea porque la existencia generalizada de trastornos de ansiedad significa que muchos de nosotros compartimos parte de la experiencia de Lorde de enfrentar el miedo y tratar de sobrevivir en un mundo que parece tan hostil. Podría ser que los continuos choques políticos signifiquen que incluso las personas relativamente privilegiadas han comenzado a sentir que el mundo está en su contra y que lo mejor que pueden esperar es soportar», escribió André Spicer sobre este curioso giro semántico (y monetario) de las palabras de Lorde en el universo del wellness. Las búsquedas de «selfcare» (autocuidado en inglés) alcanzaron su punto máximo entre el 13 y el 19 de noviembre de 2016, cuando Trump alcanzó el poder. Una herencia que nos recuerda que cuidarse, no en parámetros de consumo, también sirve como acto de resistencia frente a quiénes nos quieren calladas.

 

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