viernes, abril 16, 2021
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Coco Brandolini: «Claro que puedes trabajar en moda sin cientos de seguidores» | Celebrities, Vips


La cuenta de Instagram de Coco Brandolini d’Adda es privada. Eso la convierte automáticamente en una rara avis de la moda, industria en la que no solo influencers, también marcas, modelos, estilistas y editores presumen de mareantes cifras de seguidores y cierto espíritu exhibicionista. Sin ir más lejos, su hermana menor, Bianca Brandolini, acumula medio millón de followers y utiliza la red social como una ventana a una vida de ensueño –ambas descienden de una de las familias más poderosas de Italia–, así como una vía para colaborar con decenas de marcas de lujo.

“Mantengo mi cuenta privada porque subo muchas fotos de mis hijas. Me gustan las redes sociales, pero prefiero guardar distancia. Me pone nerviosa que sea público. Quizá sea algo generacional, tengo 41 años y mi hermana, diez menos. Ella tiene que hacerlo por su trabajo, pero a mí, de momento, nadie me lo ha pedido”, cuenta durante su visita a la madrileña galería Nicolás Cortés, que acoge la exposición The evolution of portraiture and fashion, en colaboración con Dolce & Gabbana. Su discreción y negativa a convertirse en eso que hoy llaman líder de opinión digital resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que trabaja como embajadora de la línea de alta costura de la firma italiana. “Claro que puedes trabajar en moda sin cientos de seguidores si de verdad trabajas (ríe). Quiero decir, hacerse fotos es un trabajo, pero uno distinto al mío. En mi caso tengo una rutina y un horario, no voy a un evento y desaparezco seis meses”.

Deja claro así que la labor que desempeña en la casa italiana va más allá de lucir sus vestidos en importantes alfombras rojas como la de la gala MET, ejercer de relaciones públicas o incluso subirse a la pasarela en un par de ocasiones (“cuando desfilé en la alta costura me puse muy nerviosa, pero en la colección de ready to wear me lo pasé muy bien. Puede ver cómo Anna Wintour me sonreía y no me importaría hacerlo otra vez”, comenta sobre aquella experiencia). Cornelia Brandolini, a la que todos conocen y llaman con el diminutivo de Coco, lleva trabajando en la división de alta moda de la marca desde su lanzamiento. “Conocí a Domenico Dolce por casualidad y me invitó a unirme al equipo de diseño hace nueve años. Trabajando allí empecé a probarme los vestidos y me decía que los lucía muy bien, que era capaz de entenderlos. Así fue cómo comenzó mi labor de embajadora. Pero además de ponerme la ropa y hablar de ella, trabajo para crearla. Para mí es un lujo unir esas dos facetas porque, aunque pueda sonar infantil, me siento feliz, muy feliz, cuando llevo puesta esa ropa”, asegura con una cercanía que resulta casi tan excepcional como su perfil bajo en internet.

Coco Brandolini desfilando para Dolce & Gabbana en 2017. Foto: Getty

Formada en Ciencias Políticas y Filosofía en París, Brandolini comenzó a trabajar en la industria por una mezcla de casualidad y pedigrí. Su abuela, Cristiana, era hermana del legendario Gianni Agnelli, el hombre que reinventó el imperio Fiat y el empresario italiano más famoso y poderoso del siglo XX. Su madre, una princesa brasileña llamada Georgina, ejerció durante muchos años como jefa de relaciones públicas y musa de Valentino. “Cuando era pequeña iba con ella a los fittings en París y era alucinante. Tengo el recuerdo de estar en el Ritz y ver a Cindy Crawford y al propio Valentino y no poder creérmelo. Él siempre fue muy cercano conmigo porque le encantaban los niños y porque tenía una relación muy próxima a mi madre”, rememora.

Ese bagaje, así como la influencia de su abuela “que tenía mucho gusto y cuidaba al milímetro cada detalle, desde los muebles hasta la vajilla o las flores”, fueron “entrenando el ojo” de una joven Coco despertando en ella un interés  por la moda que se consolidó cuando viajó a Nueva York para ser becaria de Oscar de la Renta. “Toda mi trayectoria ha tenido que ver con la suerte. Con Oscar de la Renta fui para tres meses y durante el primero ya tenía claro que quería dedicarme a esto. Al final me acabaron contratando seis años y fue una experiencia única porque Oscar lideraba el equipo con una calidez y una humanidad que hacían que la gente se dedicara a él no porque fuera quien nos pagaba, sino por devoción y amor”. También su incursión en Dolce & Gabbana se produjo de forma espontánea, asegura, después de haber pasado por los departamentos de diseño y consultoría de firmas de moda de primer nivel como Nina Ricci, Alberta Ferretii o Bottega Veneta.

Coco Brandolini D’Adda junto a su hermana Bianca. Foto: Getty

Habitual de la codiciada primera fila de los mejores desfiles, esta italiana nacida en París reconoce que las semanas de la moda digitales no son comparables a la emoción que reinaba en los shows antes de la pandemia. “Desde casa puedes ver la ropa, el maquillaje, las modelos… pero no sentir el estrés, los aplausos o la emoción de vivirlo en directo. Es como un concierto, no es lo mismo verlo en persona que online. La fuerza de toda esa gente junta asistiendo al espectáculo no es comparable, pero creo que volverá”, afirma esperanzada.

Mientras tanto, Brandolini remarca el poder terapéutico de la moda como herramienta para sobrellevar los tiempos oscuros que nos está tocando vivir. “Durante el confinamiento organizaba desfiles de mentira con mis hijas y nos pasábamos horas preparando la ropa, el maquillaje, la música… Es un ejemplo muy simple de cómo la moda nos puede ayudar. Creo que el arte cambia tu mente, te hace pensar en otras cosas, te ayuda a escapar… y para mí la moda es una forma de arte”, afirma. Desde la planta de arriba de la galería Nicolás Cortés los vestidos cedidos por Dolce & Gabbana, creaciones de alta costura influenciadas por los retratos de Fortuny, Raimundo de Madrazo, Zuloaga o Romero de Torres, refutan su teoría.

Vestido de la colección de Dolce & Gabbana junto al cuadro ‘Aline en Azul’, de Raimundo de Madrazo (1880). Foto: Cortesía Dolce & Gabbana



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