martes, junio 22, 2021
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De un pueblo gallego a los grandes almacenes más exclusivos de Londres: la fascinante historia de las blusas de Andión | Actualidad, Moda


«Perdona, no oí tu llamada, me pillaste haciendo fotos por el campo». Así responde por teléfono la fundadora de Andión, marca gallega que en tiempo récord ha logrado hacerse un hueco en la industria de la moda gracias a sus blusas románticas de inspiración nostálgica. Su justificación no es baladí: ella y su madre, que prefieren mantenerse en el anonimato para que «todo el protagonismo recaiga en las prendas que crean», se encargan de todo desde un pequeño taller ubicado en un pueblo de menos de 5.000 habitantes próximo a Santiago de Compostela. Cuentan con un reducido equipo de costureras locales, pero son ellas quienes diseñan, buscan los tejidos, tratan con los clientes y hasta disparan las fotos que cuelgan en Instagram, vía por la que reciben todos los encargos. Lo llevan haciendo así desde que hace año y medio decidieran aventurarse en este proyecto mientras charlaban en una comida familiar.

«Mi madre lleva cosiendo desde los 15 años, estudió moda y montó su taller hace tanto tiempo que, para que te hagas una idea, necesitó la autorización de mi abuelo para ir al banco y abrirse una cuenta. Hacía cosas a medida para clientas de la zona y también para mí. Siempre que llevaba a una boda o un evento algo cosido por ella la gente me preguntaba dónde lo había comprado. Así que pensamos que era una buena idea lanzar nuestra propia marca, a pesar de que a mi madre le daba miedo no vender nada, y a mí, reñir mucho con ella», cuenta elocuente la mitad creativa de Andión.

Ambas se equivocaban. Sus blusas románticas inspiradas en «la niñez, lo regional y lo artesanal» no solo son un éxito de ventas, sino que han dado paso a vestidos, shorts, calcetines e incluso bolsos que funcionan igual de bien. Tanto que a pesar de no tener tienda online y contar con 41.000 seguidores en Instagram –cifra nada desdeñable pero discreta si se compara con otras marcas del sector– han llamado la atención de los exclusivos almacenes londinenses Selfridges. «Cuando vi su mail en la bandeja de entrada no quería ni abrirlo de los nervios que me entraron. Nos contactó una de sus compradoras [buyers] para decirnos que le encantaba el rollo de la marca y que querían colaborar», detalla la diseñadora de 33 años. Dicho y hecho. A pesar de que al principio se sentían «más perdidas que un pulpo en un garaje», madre e hija han creado una colección cápsula con sus modelos más vendidos y un tejido de algodón japonés exclusivo que ya puede adquirirse –aunque quedan pocas unidades– en los grandes almacenes. «He trabajado durante once años en empresas de moda y era yo la que iba a Selfridges en busca de inspiración. Ver allí ahora nuestros diseños es algo que no imaginé en la vida», explica emocionada.

Las blusas de pequeñas flores son una de las señas de identidad de esta firma gallega. Foto: Cortesía de Andión

Criada entre máquinas de coser con las que hacía sus propios modelitos a la Barbie, esta gallega se formó en moda siguiendo los pasos maternos y trabajó durante más de una década en dos conocidas marcas del sector. Al principio era su madre la que llevaba todo el peso de Andión mientras ella aún conservaba su empleo anterior, pero la buena acogida la impulsó a dejar el trabajo y volcarse en el proyecto. «En las marcas en las que había trabajado diseñaba otras cosas, pero mi sueño siempre había sido hacer blusas y vestidos. Esa libertad de hacer lo que me apetecía sin prisas ni estrés fue lo que me impulsó a tomar la decisión: quería una vida más tranquila y dejar de diseñar prendas como churros. Ahora puedo estar un mes en el que quizá no me sale nada, pero al siguiente se me ocurre un vestido espectacular», confiesa.

Gabrielle, uno de sus vestidos más demandados. Foto: Cortesía de Andión

En esa originalidad de sus creaciones, siempre especiales y diferentes, pero con un punto de tendencia, radica parte del éxito de la firma, pero también se explica por el proceso de fabricación y la idea con la que fue concebida. Escogen cuidadosamente los tejidos que darán vida a sus prendas y fabrican pocas unidades con cada uno, hasta que se agota por completo y sin tirar ningún excedente. Los interesados en tener una de sus piezas deben escribirles a través de Instagram para recibir la información sobre precios, estampados disponibles y formalizar el pedido. Hay que esperar un mes para recibirlo en casa –»solo coser una camisa nos lleva todo el día»– y la personalización es tal que incluso adaptan los modelos a las peticiones y medidas de cada cliente. «Muchas de las telas que usamos son tejidos de los años 70 y 80 que tenía mi madre en el taller, aunque ya casi se nos están acabando. Hemos comprado también algunos vintage en Etsy y restos de fábricas españolas y portuguesas. Como el coronavirus nos ha pillado en medio de todo esto ni siquiera hemos podido ir aún a ferias textiles», comenta la diseñadora.

Cada modelo puede elegirse en varios estampados hasta que se agote el tejido. Foto: Cortesía de Andión

A pesar de que tanto Selfridges como pequeñas tiendas de toda nuestra geografía están interesadas en vender las blusas de Andión, sus fundadoras prefieren ir poco a poco. «Mi madre ya vivió la crisis en su taller, así que no queremos volvernos locas. Probablemente si seguimos así necesitaremos contratar a más gente, pero preferimos ir con cautela porque no necesitamos ser Amancio Ortega. Queremos vivir de esto sin que se vuelva desproporcionado o pierda la esencia de marca pequeña con la que surgió». De ahí que madre e hija prefieran huir de la sobreexposición mediática manteniéndose en la sombra. «Sé que vamos a contracorriente en esta era de redes sociales, pero si lo podemos mantener así lo preferimos. Quiero que digan lo bueno y lo malo del producto, no de mi cara o de mi pelo. Además, yo soy muy tímida», añade.

Detalle de los calcetines que también diseñan. Foto: Cortesía de Andión

En este primer año y medio de vida, han perdido la cuenta de las blusas que han fabricado, pero recuerdan algunos encargos tan sorprendentes como el de una clienta extranjera que compró casi toda la colección en distintos tejidos. «No nos lo creíamos. Igual que nos cuesta procesar cuando nos llega un pedido de una isla que no sabemos ni dónde queda. Aunque en España es dónde más vendemos, nuestras prendas ya han llegado a Guatemala, México, Suiza o Filipinas». También pueden encontrarse, versionadas, en marcas de la competencia, algo que para las creadoras es sinónimo de éxito y causa de indignación a partes iguales. «Me duele porque son firmas pequeñas que saben lo que cuesta hacerse un hueco y me da pena que no desarrollen sus propias ideas. Pero nos quedamos con ser las primeras… y con seguirlo siendo».

Varios de los diseños de la colección cápsula de Andión para Selfridges. Foto: Cortesía de Selfridges





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