martes, junio 22, 2021
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Ellen no dejaba a Anne Heche vestirse sexy y otras celebridades que vetaron la ropa de sus parejas | Vips


Hace pocas semanas las cerca de 6.000 personas que siguen a Anne Heche en su cuenta de TikTok se sorprendieron de unas palabras hasta ahora nunca pronunciadas por la actriz. La protagonista de Seis días y siete noches recurrió a dicha red social para, en clave de humor, puntuar y contar brevemente la historia de algunos de los modelos más icónicos que a lo largo de estas décadas ha lucido en las alfombras rojas. Por lo general, como ella misma dejó constancia, no se arrepiente “de nada”. Pero sí hubo una excepción: el vestido de terciopelo azul marino que llevó a los Globos de Oro de 1998 con su expareja Ellen DeGeneres, con quien mantuvo un mediático romance desde 1997 hasta el año 2000. “¿Por qué parezco una hippie?”, se preguntó en voz alta. “Es porque Ellen no quería que me vistiera sexy. Adiós. No», contestó sin titubear dándole al atuendo un cero sobre diez y, asimismo, dedicándole un gran pulgar hacia abajo.

Anne Heche se arrepiente de haber llevado este vestido a los Globos de Oro de 1998 para complacer a su entonces pareja, Ellen DeGeneres. Foto: Getty

Por mucho que llame la atención, la confesión realizada por Heche no es algo precisamente nuevo. Al contrario. Son muchas las famosas que en algún momento de su vida se han tenido que enfrentar al escrutinio y a las críticas de sus parejas por su vestimenta. Ahí está el caso de la mayor sexy symbol del séptimo arte, Marilyn Monroe, cuyo matrimonio con el jugador de béisbol Joe DiMaggio fracasó por los incontrolables celos del deportista. De hecho, su relación empezó a naufragar tan pronto se dieron el ‘sí, quiero’ el 14 de enero de 1954. ¿El motivo? Él jamás vio con buenos ojos que la estrella aprovechara su luna de miel en Tokio para animar a las tropas estadounidenses destinadas en Corea. Tras volver a Estados Unidos la situación no mejoró. Sobre todo, porque el 15 de septiembre de ese mismo año Marilyn se personó hasta el cruce de la Avenida Lexington con la calle 52 de Nueva York para protagonizar una de las escenas más célebres del filme La tentación vive arriba de Billy Wilder. Sí, aquella en la que una rejilla de ventilación del metro le levantaba un sugerente modelo blanco de William Travilla. A pesar de que la grabación se programó a la una de la madrugada para esquivar a la prensa y a los curiosos, la ciudad se paralizó por completo. DiMaggio estuvo allí presente, y por todos es sabido que no le sentó nada bien que su amada enseñara más carne de la cuenta. Tal es así que esa misma noche tuvieron una sonada discusión y, apenas 42 días después, la actriz pidió el divorcio alegando “violencia psicológica” y “un conflicto de carreras”. Únicamente estuvieron casados 274 días.

Marilyn Monroe en la famosa escena ‘La tentación vive arriba’ que disparó los celos de Joe DiMaggio. Foto: Getty

Mariah Carey también tiene mucho que decir al respecto. En numerosas ocasiones ha confesado que mientras estuvo casada entre 1993 y 1998 con Tommy Mottola, el antiguo presidente de Sony Music, “no tenía libertad como ser humano. Era casi como estar presa”. Del mismo modo, el férreo control que el magnate de la música (a la par que su jefe) ejerció sobre ella afectó de una forma notable a su armario. En una entrevista concedida a la periodista Barbara Walters pocos meses después de divorciarse señaló que él “tenía problemas con mi forma de vestir” y que, una vez volvió a la soltería, “definitivamente ahora visto más como soy”. Precisamente, esa es la razón por la que la diva, desde el lanzamiento de su álbum Butterfly, empezó a adoptar una imagen mucho más atrevida que la que caracterizó a sus primeros trabajos discográficos. Mottola, quien era 20 años mayor que ella, le arrebató gran parte de su juventud.

Mariah Carey y Tommy Mottola en 1995. Foto: Getty

Igual de destacable fue el altercado que tuvieron Kanye West y Kim Kardashian justo la noche antes de que la socialité acudiera a la MET Gala de 2019. Para el músico, que por entonces estaba en plena conversión al cristianismo, no era ninguna sorpresa que iba a llevar un atrevido vestido de Thierry Mugler. En realidad, estuvo prácticamente un año planificando aquel look. Sin embargo, tal como recogieron las cámaras del reality Keeping Up with the Kardashians, ese día West fue de todo menos un apoyo para ella. “Siento que acabo de completar una transición en la que he pasado de ser un rapero que mira a todas las mujeres a ser un hombre que mira a su mujer y se pregunta por qué necesita ir enseñando su cuerpo de esa manera a todo el mundo. Antes no me daba cuenta de lo mucho que eso afectaba a mi alma y a mi espíritu como hombre casado y como padre de cuatro hijos. Para mí, el corsé es ropa interior. ¿Para quién es sexy una prenda así? Eres mi mujer y me afecta cuando sales demasiado sexy en las fotos”, dijo. La respuesta de Kim, como era de esperar, fue contundente: “Sabes que anoche tuve un ataque de ansiedad y que lo último que necesito ahora es más energía negativa a mi alrededor porque no te gusta que lleve vestidos tan ajustados. Tú me ayudaste desde el principio a construir esta imagen de persona sexy y segura de sí misma. Y solo porque ahora mismo estés en un viaje espiritual que te está transformando como persona no significa que yo tenga que estar en el mismo lugar contigo”.

Kanye West no aprobó que Kim Kardashian llevara este vestido a la gala Met 2019. Foto: Getty

Por su parte, aunque han pasado dos décadas desde que Tom Cruise y Nicole Kidman decidieron tomar caminos separados, todavía nadie sabe a ciencia cierta los motivos de su divorcio. Hay quienes apuntan a que el actor de Misión Imposible hizo firmar a la australiana un contrato de confidencialidad, redactado por la Iglesia de la Cienciología, para que jamás hablara públicamente de los trapos sucios de su matrimonio. Pero eso sí, cuando en 2001 David Letterman le preguntó por ello, Kidman soltó una de las frases más recordadas de la historia de los talk shows estadounidenses: “Bueno, ahora puedo llevar tacones”. Por muy cómica que fuera la escena, aquellas palabras dejaron claro que, al fin, era una mujer empoderada.





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